Por eso, la manera más segura de empezar los grandes cambios es comenzar por uno mismo, por el cambio personal, por deshacernos de estereotipos y condicionamientos que nos aprisionan en modelos fijos de cómo debe ser el varón o la mujer (qué es lo femenino o lo masculino) para reflexionar y hacernos preguntas que nos permitan discernir, ubicarnos y elegir otras alternativas diferentes a las aprendidas y vividas hasta ahora.
¿Y por qué no hacerlo en este mismo momento?
Busquemos un lugar cómodo y agradable para sentarnos... aflojemos el cuerpo... pongámonos en contacto con nuestra respiración... cerremos los ojos y dispongámonos a usar nuestra imaginación:
…"Si yo pudiera crear mi mundo ¿cómo serían las relaciones entre las personas?... ¿cómo sería nuestra vida si la relación entre mujeres y varones estuviera basada en el compañerismo, la coparticipación, la equidad y la responsabilidad?... ¿cómo afectaría este cambio de imagen de mujer o de varón a la que cada uno tiene de sí y de su sexualidad?... ¿cómo afectaría a las familias? … ¿cómo afectaría a nuestros hijos y a su educación?... ¿cómo sería la sociedad toda si las bases de las relaciones pasaran de la dominación, la agresión y la competencia a la solidaridad y a la coparticipación?”
Si nos contestamos estas preguntas seguramente nos vamos a dar cuenta que, efectivamente, el cambio depende de nosotros, de nuestra participación: primero en lo personal, con la aceptación de nuestros aspectos internos femenino y masculino integrados armoniosamente, para luego promover el cambio en nuestro entorno más próximo, en nuestro mundo personal y de ahí, con acciones efectivas a la comunidad.
La vinculación y la complementariedad de lo femenino y lo masculino, dentro y fuera nuestro nos lleva a abandonar jerarquizaciones que sólo tienden a consolidar relaciones basadas en sometimientos y autoritarismos (como sucede tanto en el patriarcado como en el matriarcado) y a crear nuevas pautas y nuevos códigos de comunicación entre varones y mujeres que permitan una asociación más solidaria basada en la responsabilidad y la valoración mutua. Esta alternativa, este modelo social nuevo se encuentra netamente ligado a cualidades asociadas a lo femenino, tan combatidas o rechazadas tanto en varones como en mujeres en siglos pasados y aún en la actualidad.
Es necesario revalorizar y poner en acción valores tales como el cuidado, la no violencia, la receptividad, el amor, el cuidado por la naturaleza; desarrollando la creatividad, la intuición, desplegando los más elevados potenciales humanos hacia la búsqueda pacífica de soluciones para nuestros problemas, encontrando el placer que brinda el compromiso asumido frente a la circunstancia que se está experimentando y por último, lograr una mirada más equilibrada del mundo.
Mónica Naccari
Lic. en Psicología con Orientación en Clínica
Formación en Terapia Gestáltica y Psicología Transpersona
Lic. en Psicología con Orientación en Clínica
Formación en Terapia Gestáltica y Psicología Transpersona


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