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ARMONÍA
Cierta vez le preguntaron a un viejo labrador qué terreno le parecía más adecuado para cierta especie de fruto, a lo que respondió diciendo: “No importa tanto el pedazo de tierra como el pedazo de hombre”.
Y.. es así... el labrador entendido en su arte saca provecho del suelo pobre, mientras que el labrador con poca experiencia o con pocas ganas... vive con penuria en el más fértil terreno.
La armonía en cualquier área de nuestras vidas no depende de las circunstancias favorables, sino de la actitud de nuestra mente.
En condiciones ideales,cualquiera puede hallar una vida armónica; sólo el alma equilibrada y dueña de sí misma será capaz de hallar la armonía en el más inhospitalario ambiente.
Y recuerda que la armonía... la paz... provienen de nuestro mundo interior.
Un mundo interior con el que debemos conversar permenentemente.... pues habitualmente caemos en lo de un médico... o un terapeuta... sólo cuando no damos más...
No esperemos estar en crisis...
Ten presente:
Tienes que llevar contigo la ARMONÍA, ... so pena de no hallarla en ninguna parte.
EL VALOR DE LA ACTITUD
Un señor se dirige una mañana en compañía de
un amigo a comprar el periódico. Saluda muy efusivamente al vendedor,
éste responde con un gruñido.
El comprador como si nada hubiese oido, le pregunta por su salud, por la familia, por el trabajo.
El dueño del kiosko casi molesto se limita a emitir secos monosílabos.
Al regresar, el amigo le pregunta;
- ¿Te trata siempre tan mal?
- Por desgracia, sí, todos los días lo mismo. Y ya hace cinco años que lo trato.
- ¿Por qué entonces sigues mostrándote tan amable con él?
- No quiero que sea él, quien decida cómo debo comportarme.
El comprador como si nada hubiese oido, le pregunta por su salud, por la familia, por el trabajo.
El dueño del kiosko casi molesto se limita a emitir secos monosílabos.
Al regresar, el amigo le pregunta;
- ¿Te trata siempre tan mal?
- Por desgracia, sí, todos los días lo mismo. Y ya hace cinco años que lo trato.
- ¿Por qué entonces sigues mostrándote tan amable con él?
- No quiero que sea él, quien decida cómo debo comportarme.
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CÒMO LOGRAR QUE ALGUIEN HAGA ALGO
Preparando capacitación surgió esta historia...
(...) Cuando trate de LOGRAR QUE ALGUIEN HAGA ALGO, recuerde esto.
Si, por ejemplo, no quiere que su hijo fume, no le predique, y no hable
de lo que usted quiere; muéstrele, en cambio, que los cigarrillos
pueden impedirle formar parte del equipo deportivo del colegio, o ganar
la carrera de cien metros.
Es bueno recordar esto, ya sea que se trate con niños o con terneros o con monos.
Por ejemplo, Ralph Waldo Emerson y su hijo trataron un día de meter un ternero en el establo. Pero cometieron el error común de pensar solamente en lo que querían ellos: Emerson empujaba y su hijo tironeaba. Pero el ternero hacía como ellos: pensaba solamente en lo que quería; atiesó las patas, y se negó empecinadamente a salir del prado.
Una criada irlandesa vio la dificultad en que estaban sus amos. No era capaz de escribir ensayos ni libros pero, al menos en esta ocasión, mostró más sentido común que Emerson.
Pensó en lo que quería el ternero, puso un dedo maternal en la boca del ternero y lo dejó que chupara y chupara mientras lo conducía lentamente al establo.
Es bueno recordar esto, ya sea que se trate con niños o con terneros o con monos.
Por ejemplo, Ralph Waldo Emerson y su hijo trataron un día de meter un ternero en el establo. Pero cometieron el error común de pensar solamente en lo que querían ellos: Emerson empujaba y su hijo tironeaba. Pero el ternero hacía como ellos: pensaba solamente en lo que quería; atiesó las patas, y se negó empecinadamente a salir del prado.
Una criada irlandesa vio la dificultad en que estaban sus amos. No era capaz de escribir ensayos ni libros pero, al menos en esta ocasión, mostró más sentido común que Emerson.
Pensó en lo que quería el ternero, puso un dedo maternal en la boca del ternero y lo dejó que chupara y chupara mientras lo conducía lentamente al establo.
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No había nadie para decirle que NO podía hacerlo
Les dejo una historia.
Dos niños patinaban sobre una laguna congelada. Era una tarde nublada y fría, pero los niños jugaban sin preocupación.
Cuando de pronto, el hielo se reventó y uno de los niños cayó al agua.
El otro niño viendo que su amiguito se ahogaba debajo del hielo,
tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logró quebrarlo y así salvar a su amigo.
Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido,
se preguntaron: Cómo lo hizo?
El hielo está muy grueso, es imposible que lo haya podido quebrar,
con esa piedra y sus manos tan pequeñas!!!!
En ese instante apareció un anciano y dijo: "Yo se cómo lo hizo;.
¿Cómo ?... Le preguntaron al anciano quien contestó:
"No había nadie a su alrededor para decirle que NO podía hacerlo"
Para reflexionar no? Con nuestros hijos... nuestros alumnos... nuestros colaboradores...
Que tengas un excelente día!!
Dos niños patinaban sobre una laguna congelada. Era una tarde nublada y fría, pero los niños jugaban sin preocupación.
Cuando de pronto, el hielo se reventó y uno de los niños cayó al agua.
El otro niño viendo que su amiguito se ahogaba debajo del hielo,
tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logró quebrarlo y así salvar a su amigo.
Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido,
se preguntaron: Cómo lo hizo?
El hielo está muy grueso, es imposible que lo haya podido quebrar,
con esa piedra y sus manos tan pequeñas!!!!
En ese instante apareció un anciano y dijo: "Yo se cómo lo hizo;.
¿Cómo ?... Le preguntaron al anciano quien contestó:
"No había nadie a su alrededor para decirle que NO podía hacerlo"
Para reflexionar no? Con nuestros hijos... nuestros alumnos... nuestros colaboradores...
Que tengas un excelente día!!
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EL PEQUEÑO PEZ
Buen día! Hoy les dejo otra historia, que siempre me ha encantado.
EL PEQUEÑO PEZ
«Usted perdone», le dijo un pez a otro, «es usted más viejo y con más experiencia que yo y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He estado buscándolo por todas partes, sin resultado».
«El Océano», respondió el viejo pez, «es donde estás ahora mismo».
«¿Esto? Pero si esto no es más que agua... Lo que yo busco es el Océano», replicó el joven pez, totalmente decepcionado, mientras se marchaba nadando a buscar en otra parte.
EL PEQUEÑO PEZ
«Usted perdone», le dijo un pez a otro, «es usted más viejo y con más experiencia que yo y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He estado buscándolo por todas partes, sin resultado».
«El Océano», respondió el viejo pez, «es donde estás ahora mismo».
«¿Esto? Pero si esto no es más que agua... Lo que yo busco es el Océano», replicó el joven pez, totalmente decepcionado, mientras se marchaba nadando a buscar en otra parte.
Se acercó al Maestro, vestido con ropas sannyasi y hablando el lenguaje
de los sannyasi: «He estado buscando a Dios durante años. Dejé mi casa y
he estado buscándolo en todas las partes donde Él mismo ha dicho que
está: en lo alto de los montes, en el centro del desierto, en el
silencio de los monasterios y en las chozas de los pobres».
«¿Y lo has encontrado?», le preguntó el Maestro.
«Sería un engreído y un mentiroso si dijera que sí. No; no lo he encontrado. ¿Y tú?».
¿Qué podía responderle el Maestro? El sol poniente inundaba la habitación con sus rayos de luz dorada.
Centenares de gorriones gorjeaban felices en el exterior, sobre las ramas de una higuera cercana. A lo lejos podía oírse el peculiar ruido de la carretera. Un mosquito zumbaba cerca de su oreja, avisando que estaba a punto de atacar... Y sin embargo, aquel buen hombre podía sentarse allí y decir que no había encontrado a
Dios, que aún estaba buscándolo.
Al cabo de un rato, decepcionado, salió de la habitación del Maestro y se fue a buscar a otra parte.
Deja de buscar, pequeño pez. No hay nada que buscar. Sólo tienes que estar tranquilo, abrir tus ojos y mirar.
NO PUEDES DEJAR DE VERLO.
De El canto del pájaro de A.De Mello
«¿Y lo has encontrado?», le preguntó el Maestro.
«Sería un engreído y un mentiroso si dijera que sí. No; no lo he encontrado. ¿Y tú?».
¿Qué podía responderle el Maestro? El sol poniente inundaba la habitación con sus rayos de luz dorada.
Centenares de gorriones gorjeaban felices en el exterior, sobre las ramas de una higuera cercana. A lo lejos podía oírse el peculiar ruido de la carretera. Un mosquito zumbaba cerca de su oreja, avisando que estaba a punto de atacar... Y sin embargo, aquel buen hombre podía sentarse allí y decir que no había encontrado a
Dios, que aún estaba buscándolo.
Al cabo de un rato, decepcionado, salió de la habitación del Maestro y se fue a buscar a otra parte.
Deja de buscar, pequeño pez. No hay nada que buscar. Sólo tienes que estar tranquilo, abrir tus ojos y mirar.
NO PUEDES DEJAR DE VERLO.
De El canto del pájaro de A.De Mello
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